¿Qué es la barrera cutánea?
Sabemos que la piel está compuesta por 3 capas: hipodermis, dermis y epidermis. Y que la epidermis es la capa más externa de la piel. A su vez la epidermis está formada por varias capas y la última de ellas es la capa córnea. Por encima de esta última capa se encuentra lo que llamamos barrera cutánea.
La barrera cutánea está formada por corneocitos (células de la piel muertas, muy ricas en queratina) y por una mezcla de lípidos compuesta fundamentalmente por ceramidas, colesterol y ácidos grasos libres.
Tiene 2 objetivos principales:
- Mantener el nivel de hidratación de la piel, limitando la pérdida de agua transepidérmica (TEWL)
- Proteger a la piel y hacer de escudo frente a agentes externos
Cuando el estado de esta barrera se altera, la piel se desequilibra. Pero que esta función barrera se altere no significa necesariamente que la piel esté dañada. Puede tratarse de un desequilibrio temporal en una piel sana. En otros casos, cuando esta función está realmente comprometida, puede tener un origen patológico.
Barrera cutánea desequilibrada y barrera comprometida o dañada: ¿cuál es la diferencia?
Puede ocurrir de forma puntual que, por factores como el frío, una limpieza excesiva, una baja humedad ambiental, la exposición solar o el uso demasiado intenso de determinados activos cosméticos, la piel se desequilibre. En estos casos podemos sentirla más tirante, deshidratada o sensible/reactiva de lo habitual. Aún así, la piel sigue manteniendo los mecanismos naturales de recuperación, sigue tratándose de una piel sana. En este caso el objetivo es eliminar aquello que la está desequilibrando y ayudarla a recuperar su función barrera.
Cuando la alteración implica un cambio importante en su estructura y función, hablamos de una barrera y piel dañadas. Pueden aparecer descamación marcada, inflamación persistente, fisuras, ardor, picor o dolor. Si la alteración es intensa, persistente o existe una patología cutánea, es importante saber que el cuidado cosmético no sustituye al médico y se recomienda una valoración dermatológica.
Una barrera sana también merece atención: reforzarla y mantenerla en buenas condiciones es mucho más sencillo que tener que repararla después.
¿Cómo sé si tengo la barrera cutánea dañada?
Cuando la función barrera empieza a alterarse, la piel no tarda en dar señales. Ha empezado a perder su equilibrio y su capacidad de protección, lo que la hace más vulnerable y reactiva. Las señales más comunes son:
- Deshidratación: la piel se nota más apagada, fina e incluso tirante.
- Más sensibilidad y reactividad: no puede protegerse bien y todo lo que la toca, la altera.
- Enrojecimiento: al estar desprotegida y más débil, se irrita con mayor facilidad.
- Descamación: la piel puede sentirse áspera, se pueden llegar a ver "escamas".
- Inflamación: en casos más graves, la piel se llega a inflamar e incluso doler.
¿Por qué se altera la barrera cutánea?
La barrera cutánea se altera cuando se altera la composición de lípidos o su cantidad, cuando pierde más agua de la que debería y cuando la suma de las dos hace que se reduzca su capacidad protectora. Las causas más comunes de este desequilibrio son:
- Limpieza excesiva o agresiva: limpiar la piel con demasiada frecuencia (idealmente debe hacerse 2 veces al día), con limpiadores agresivos o con agua muy caliente
- Exfoliar demasiado: hacerlo con demasiada frecuencia (lo ideal es 1 vez por semana) o hacerlo con intensidad. Tanto con exfoliantes físicos, químicos o enzimáticos.
- Excederse con determinados cosméticos:AHAs, BHAs, retinoides y otros principios muy activos, deben utilizarse con moderación y evitando combinarlos entre ellos.
- Exposición solar: si es excesiva y/o sin protección, puede alterar diferentes procesos en la epidermis que resultan en la alteración de la función barrera.
- Factores ambientales: frío, viento, calor, baja humedad, cambios bruscos de temperatura. Pueden favorecer la pérdida de agua y/o aumentar la congestión cutánea. Ojo con las calefacciones y aires acondicionados.
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Falta de hidratación y nutrición: la barrera cutánea necesita mantener un equilibrio adecuado entre lípidos y agua. Si uno de ellos disminuye, se desequilibra. Este desequilibrio puede venir también por la alimentación: no ingerir suficiente agua o lípidos.
- El tiempo: con la edad los procesos de recuperación son más lentos y cambia la composición de la barrera
¿Cómo recuperar y reforzar la barrera cutánea?
Menos es más
Lo primero que debes hacer si notas que tu barrera cutánea está alterada es simplificar tu rutina. Durante un tiempo elimina todos los pasos que no sean necesarios y quédate con los que cubren las necesidades básicas: limpieza suave, hidratación y, durante el día, protección solar. Nada más.
El objetivo es dejar a la piel "tranquila". que no tenga que pelear con nada, y que sus propios mecanismos de recuperación hagan su trabajo.
La tentación suele ser añadir más productos para combatir cada síntoma, pero en este caso no necesitamos estimular la piel, todo lo contrario, necesitamos protegerla y calmarla.
¿Qué ingredientes ayudan a recuperar la barrera cutánea?
Recuperar la función barrera no consiste en simplemente "hidratar". Diferentes tipos o familias de ingredientes favorecen los diferentes factores que componen esta barrera.
- Niacinamida: favorece procesos propios de la piel relacionados con la síntesis de componentes de la barrera, entre ellos las ceramidas.
- Ácido Hialurónico: ayudan a atraer la humedad hacia la piel, dejándola tersa y completamente hidratada.
- Escualano: emoliente afín a los lípidos de la piel, ayuda a mantenerla flexible y a reducir la pérdida de agua.
- Aceites de Aguacate u Oliva: recuperan el equilibrio lipídico
- Prebióticos y fermentos (Inulina): ayudan a equilibrar el microbioma de la piel, fortalecen su barrera natural y protegen contra agresores externos.
- Astaxantina o Pycnogenol: potentes antioxidantes, protegen mientras la piel se recupera.
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